NO TENÉIS AMOR DE DIOS

Juan 5:31-47

“Más yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.” (42)

Testimonios acerca de Jesús (31-40)

Juan el Bautista testificó que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La obra de Jesús testificó, por sí misma, que él vino de Dios y que es Dios. ¿Quién puede cambiar el agua en vino y levantar a los muertos? Dios Padre mismo dio testimonio de Jesús por revelación y dándole su poder. Todas las escrituras testificaron acerca de Jesús como el siervo que habría de sufrir y cuyo cuerpo no vio corrupción, sino que fue exaltado. Es una tragedia no creer en Jesús, ¡de quien Dios, la Biblia, su obra y Juan testificaron!

No tenéis amor de Dios (41-47)

¿Por qué existe esta trágica incredulidad? Es porque quienes la sufren no tienen amor de Dios. Ellos aman el reconocimiento de los hombres. Ellos buscan la gloria, no de Dios, sino de otros. Ellos colocan sus esperanzas en la ley de Moisés, pero Moisés dio testimonio de Jesús. ¡Qué ironía es no ir a Jesús!

Señor, perdóname por no amarte y buscar tu gloria sino buscar la gloria y el honor de los hombres.

Una palabra: ¡Ama a Dios, busca su gloria y cree en Jesús!

EL QUE OYE, ¡VIVIRÁ!

Juan 5:16-30

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.” (25)

Mi Padre hasta ahora trabaja, así que yo también trabajo (16-17)

Los judíos estaban persiguiendo a Jesús por el reporte del hombre paralitico. Sin embargo, Jesús más adelante dijo con valor: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” Por esto, los judíos intentaron matarlo no solo porque quebrantó el día de reposo sino porque se hizo igual a Dios. Jesús no tenía temor a la muerte por decir la verdad. Dios se mantiene trabajando para restaurar el paraíso perdido por medio de su Hijo. Nosotros también debemos trabajar duro con la actitud de Jesús hacia las personas que puedan no aceptar nuestra palabra, así como los judíos no aceptaron las palabras de Jesús.

El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna (18-30)

Aquí vemos la importancia de escuchar la palabra de Jesús. Así, si los muertos oyen la palabra de Jesús, ¡vivirán! Ellos no serán juzgados, sino que pasarán de muerte a vida. Porque lo que Jesús dice y hace es exactamente lo que Dios dice y hace. ¡Jesús es Dios! Todo aquel que no honra a Jesús, no honra a Dios. El tiempo vendrá pronto para que todos salgan de sus sepulcros – aquellos que han hecho lo que está bien resucitarán para vivir, y aquellos que han hecho lo malo resucitarán para ser condenados por Jesús, el Juez.

Señor, tú eres el verdadero Hijo de Dios. Aquellos que han escuchado tu palabra vivirán ahora y para siempre.

Una palabra: ¡Escucha la palabra de Jesús y vivirás!

LEVÁNTATE, TOMA TU LECHO, Y ANDA

Juan 5:1-15

“Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.” (8)

¿Quieres ser sano? (1-9a)

Las personas enfermas alrededor del estanque de Betesda son una verdadera dicotomía. Por una parte, todos están enfermos con el pecado, con diversas clases de síntomas. Pero también, todos quieren ser sanos. Sin embargo, ellos están cegados y piensan que deben ir por delante de otros. ¿Habrá alguna otra manera distinta a la supervivencia del más fuerte? ¡Si! Jesús encontró al que estaba peor entre ellos, alguien inválido por 38 años. Jesús quería, con mucho amor, sanarlo. Pero el paralítico se quejó de aquellos que no lo ayudaban. Él también estaba celoso de aquellos que lo aventajaban. Él era un paralítico espiritual también. Jesús lo desafió con una frase: “¡Levántate, toma tu lecho, y anda!” Cuan obedeció, ¡el paralítico fue sanado! Ahora él podía caminar y trabajar libremente, glorificando a Dios. Jesús vino a salvarnos, a las personas enfermas crónicamente como ese inválido.

No peques más (9b-15)

A los fariseos no les importó para nada la sanación de ese paralítico. Ellos solo querían acusarlo de haber quebrantado el día de reposo. El hombre tuvo miedo y culpó al que lo había sanado. Más tarde, Jesús lo encontró y le advirtió: “¡No peques más!” Pero el hombre traicionó a Jesús reportando lo sucedido a los fariseos. Él se convirtió en un pecador peor al no escuchar la advertencia de Jesús, aun cuando su cuerpo había sido sanado.

Señor, gracias por alcanzarme, el peor pecador y hacerme caminar por todo el mundo glorificando tu nombre. Ayúdame a no pecar más.

Una palabra: ¡Obedece a Jesús y camina!

VE, TU HIJO VIVE

Juan 4:43-54

“Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.” (50)

Ven y sana a mi hijo (43-47)

Jesús fue a Caná en Galilea donde él cambió el agua en vino. Muchos lo recibieron, pero Jesús no los aceptó ya que la fe de ellos estaba basada en sus milagros y no en su palabra, en la que si confiaban los moradores de la aldea samaritana. Un oficial del rey fue desde Capernaum y le pidió: “Desciende y sana a mi hijo, que está a punto de morir.” Jesús reprendió a los galileos y también probó su fe, diciéndoles: “No creeréis si no veis señales y prodigios.”

Él creyó al Señor y su palabra (48-54)

El oficial del rey persistió: “Señor, desciende antes que mi hijo muera.” Jesús lo retó nuevamente, diciéndole: “Ve, tu hijo vive” ¿Qué hizo el oficial del rey? Creyó al Señor y su palabra, ¡él volvió a casa! Luego, ¡él encontró que su hijo estaba vivo! Cuando él cuidadosamente averiguó, fue exactamente a la misma hora cuando Jesús le ordenó que fuera a su casa. Así, él y toda su familia creyeron en Jesús. Alaba a Jesús que entrena y bendice a su pueblo para que tengan absoluta fe en su palabra.

Señor, gracias por desafiarnos a cada uno de nosotros a tener una fe absoluta en tu palabra. ¡Ayúdame a creer en el Señor y en su palabra!

Una palabra: Cree al Señor y a su palabra.

MIREN LOS CAMPOS, BLANCOS PARA LA SIEGA

Juan 4:31-42

“¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.” (35)

Mi comida es que haga la voluntad de Dios (31-38)

Jesús dio toda su energía y corazón para salvar una mujer samaritana. Él debe haber estado exhausto. Sin embargo, él estaba gozoso diciendo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Él abrió los ojos de los discípulos para que vieran los campos espirituales blancos para la siega. Ciertamente, muchos profetas como Elías, Eliseo y Amós sembraron la palabra de Dios y Jesús cosechó. Ahora, Jesús sembraba la semilla del evangelio en una mujer samaritana, y los discípulos podían disfrutar de una cosecha abundante. Debemos estar gozosos cuando cosechamos gracias al duro trabajo de otros. Debemos también sembrar gozosamente no solo para nosotros sino también para los futuros cosechadores.

No creemos ya solamente por tu dicho… (39-42)

El atestiguamiento de una mujer cuya vida fue cambiada causó que toda la ciudad creyera en Jesús. Pero ellos no se detuvieron allí. Ellos mismos invitaron a Jesús para escuchar más de sus palabras. Luego, ellos confesaron: “Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” La fe de ellos maduró, pasó de ser una fe basada en la experiencia de otros a ser una fe directa y personal.

Señor, gracias por convertirte en mi Mesías y darme el mismo gozo al hacer la misión de Dios, ya sea como un sembrador o como un cosechador.

Una palabra: Sembradores y cosechadores gozosos.