LA MUERTE DE ABSALÓN

2 Samuel 18:1-18

“Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón.” (5a)

La petición de David por Absalón (1-8)

Podemos ver en este pasaje una gran tensión entre la justicia y el amor. David organizó a su ejército y se paró a la puerta mientras marchaban a la batalla. Todo el ejército escuchó sus apasionadas súplicas de ser benignos con Absalón. Uno se pregunta cómo se sintieron las tropas cuando oyeron esto. Ellos habían dejado sus hogares y se habían adentrado en el desierto para apoyar a David y ahora estaban a punto de arriesgar sus vidas en la batalla. Seguramente Absalón merecía la justicia, ¿no? ¡Hay que ver lo que había hecho! Pero el amor de David fue más allá de todas estas consideraciones. Su amor de padre nos recuerda el amor de Dios. Mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. David deseaba que su hijo Absalón experimentara la gracia de Dios.

La justicia prevaleció (9-18)

Los hombres de Israel no estaban a la altura del ejército de David y veinte mil hombres perdieron la vida ese día. Este fue el costo de la rebelión de Absalón. El pecado siempre exige un costo terrible. Joab no compartió la compasión de David hacia Absalón. Él mató a Absalón cuando tuvo la oportunidad y puso fin a la batalla. El monumento que Absalón construyó de sí mismo estaba en el valle del rey, pero el vergonzoso entierro que recibió representó su verdadero legado.

Oración: Padre, oramos para que los pecadores perdidos conozcan su gracia.

Una palabra: David rogó por su hijo perdido.