EL NUEVO PACTO EN LA SANGRE DE JESÚS

Lucas 22:1-23

De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.’” (20)

Judas se puso de acuerdo para traicionar a Jesus (1-13)

Bajo el control de Satanás y su propia codicia, Judas Iscariote fue secretamente a los principales sacerdotes para llegar a un acuerdo y traicionar a Jesús. Jesús sabía lo que estaba sucediendo, pero fue a preparar la celebración de la Pascua con sus discípulos. Jesús sabía que su traición y muerte eran la manera de Dios para hacer de él, el verdadero Cordero de la Pascua, ofrecido por los pecados del mundo.

El nuevo pacto (14-23)

En la cena de la Pascua, Jesús plantó la esperanza del Reino de Dios en sus discípulos. Luego les enseñó simbólicamente que, a través de su muerte, les estaba dando el regalo más precioso: el nuevo pacto. Esto significa que Dios establecería una relación de amor irrompible con nosotros, a través del vínculo del cuerpo y la sangre de Jesús. La sangre de Jesús y el cuerpo de Jesús fueron dados para que nosotros podamos tener vida.

Padre, gracias por su buen propósito que estableció aun cuando la gente estaba bajo el control de Satanás. Gracias por el nuevo pacto en la sangre de Jesús.

Una palabra: La sangre y el cuerpo de Jesús fueron dados por mí

EL SIERVO SUFRIDO

Isaías 52:13-53:12

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (53:5)

Un hombre de dolores (52:13-53:9)

Isaías predijo que el Mesías iba a ser un hombre de dolores y sería despreciado y rechazado (53:3). También lo describió como un cordero silencioso llevado al matadero (7). Jesús cargó con todos nuestros pecados e iniquidades en la cruz. Él es el Siervo Sufrido de quien Isaías escribió tan conmovedoramente. Por sus heridas he sido sanado y tengo paz con Dios (5b). Jesús murió por mí. En esta Pascua, alabemos al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y recordemos lo que él ha hecho por nosotros (7; Jn1:29).

Habiendo él llevado el pecado de muchos (53:10-13)

Después de su sufrimiento, Jesús resucitó de los muertos y prolongó sus días. Como nuestro Salvador Resucitado, él comparte con nosotros los despojos de guerra (12a). En su vergonzosa muerte en la cruz, Jesús nos ha dado una victoria eterna sobre el pecado y la muerte a través de su gloriosa resurrección. El siervo sufrido es ahora nuestro Mediador que intercede por nosotros (12b).

Señor, gracias por Jesús, el Cordero de Dios que llevó todos mis pecados y dolores en silencio.

Una palabra: Jesus, el Hombre de dolores

LA COMPASIÓN Y LA MISERICORDIA DE CRISTO

Juan 7:53-8:11

Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.’” (11b)

La trampa (7:53-8:6a)

¿Tiene simpatía por esta mujer que fue atrapada en adulterio? Yo la tengo porque también soy un pecador. Los maestros de la ley y los fariseos eran despiadados, llevando a la mujer ante Jesús y exigiéndole que declarara si debía ser apedreada o no. Fue una trampa horrible. Ellos sabían de la compasión de Jesús por los pecadores y pensaban que él podría incriminarse a sí mismo haciendo caso omiso a la ley de Moisés. Por otro lado, si consentía que ella fuera apedreada, estaría violando la ley romana. La tensión era palpable y todos los ojos estaban puestos en Jesús. Uno se pregunta en qué estaba pensando la mujer durante todo este tiempo. ¿Ella sabía de Jesús y su amor?

“Ni yo te condeno” (6b-11)

Al principio, Jesús no dijo nada. Los líderes religiosos insistieron y, finalmente, Jesús se enderezó y les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Cristo, en su maravillosa sabiduría, expuso la hipocresía de ellos. Todos ellos habían pecado y merecían el castigo que buscaban infligir a la mujer. Después de un momento, Jesús fue el único que se quedó con la mujer. Él era el único que tenía derecho de arrojar una piedra, pero no lo hizo. En cambio, la perdonó y le ordenó que dejara su vida de pecado

Jesús, gracias por su misericordia y compasión.

Una palabra: Ni yo te condeno

VENGA A MÍ Y BEBA

Juan 7:37-52

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.” (37)

Agua viva (37-39)

Todos los días de la fiesta, se sacaba una jarra de agua del estanque de Siloé y se derramaba en el altar del templo como una ofrenda ante Dios. Durante la ceremonia, se recitó Isaías 12:3 “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación”. Dios prometió que un día su pueblo podría venir y beber libremente las aguas de la salvación. Ahora, ¡ese día había llegado! Jesús se puso en pie y clamó: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Quienquiera que confiesa su pecado y pone su fe en Jesús, bebe estas aguas de salvación. Aún más, Jesús dice que “de su interior correrán ríos de agua viva”. Él promete dar el Espíritu Santo a cualquiera que crea en él. El poder y la presencia del Espíritu son como corrientes desbordadas que no pueden contenerse cuando los creyentes testifican a los demás y viven para Cristo.

Una variedad de reacciones (40-52)

Algunos que escucharon las palabras de Jesús reconocieron que Jesús era el Mesías. Otros todavía seguían buscando la verdad, mientras que los otros estaban confundidos y no sabían qué hacer. Los líderes religiosos, sin embargo, fueron persistentes en su incredulidad e indignados por aquellos que fueron conmovidos por las palabras de Jesús. A pesar de toda esta confusión, la promesa de salvación de nuestro Señor es clara y verdadera.

Señor Jesús, gracias por darnos agua vida.

Una palabra: ¡Ven a Jesús y bebe!

JESUS ENSEÑA EN LA FIESTA

Juan 7:14-36

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.” (17)

Jesús empieza a enseñar (14-24)

Jesús reaccionó a la confusión en Jerusalén por medio de enseñar la palabra de Dios en el templo. Su enseñanza fue poderosa y, aunque los judíos se quedaron asombrados, sacaron una conclusión equivocada sobre su origen. Ellos debían reconocer que la enseñanza de Jesús venía de Dios. Jesús les corrigió y les enseñó aún más. ¿Por qué estaban buscando la manera de matar a la única persona inocente? Solamente Jesús vivió con una completa obediencia a la ley de Dios. Entonces, ¿quiénes fueron culpables? ¿Quién merecía morir verdaderamente? Jesús les enseñó aún más, mostrando que su condenación por sanar en el día de reposo era infundada. Al revelar la verdad, Jesús les dio la oportunidad de arrepentirse.

¿A dónde iba Jesús? (25-36)

En este punto, la multitud realmente se dividió. Algunos intentaron detener a Jesús mientras que otros creyeron en él. El tiempo de Jesús aún no había llegado, aunque pronto iba a llegar. Jesus dijo “Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir”. Jesus se iba del mundo y regresaba al Padre. Solamente los que creyeron en él, iba a poder seguirlo, encontrarlo y estar con él. Esto es imposible para los que no le creen.

Señor Jesús, ayúdenos a arrepentirnos y aceptar la verdad.

Una palabra: Jesus enseña la palabra de Dios