VE, TU HIJO VIVE

Juan 4:43-54

“Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.” (50)

Ven y sana a mi hijo (43-47)

Jesús fue a Caná en Galilea donde él cambió el agua en vino. Muchos lo recibieron, pero Jesús no los aceptó ya que la fe de ellos estaba basada en sus milagros y no en su palabra, en la que si confiaban los moradores de la aldea samaritana. Un oficial del rey fue desde Capernaum y le pidió: “Desciende y sana a mi hijo, que está a punto de morir.” Jesús reprendió a los galileos y también probó su fe, diciéndoles: “No creeréis si no veis señales y prodigios.”

Él creyó al Señor y su palabra (48-54)

El oficial del rey persistió: “Señor, desciende antes que mi hijo muera.” Jesús lo retó nuevamente, diciéndole: “Ve, tu hijo vive” ¿Qué hizo el oficial del rey? Creyó al Señor y su palabra, ¡él volvió a casa! Luego, ¡él encontró que su hijo estaba vivo! Cuando él cuidadosamente averiguó, fue exactamente a la misma hora cuando Jesús le ordenó que fuera a su casa. Así, él y toda su familia creyeron en Jesús. Alaba a Jesús que entrena y bendice a su pueblo para que tengan absoluta fe en su palabra.

Señor, gracias por desafiarnos a cada uno de nosotros a tener una fe absoluta en tu palabra. ¡Ayúdame a creer en el Señor y en su palabra!

Una palabra: Cree al Señor y a su palabra.

MIREN LOS CAMPOS, BLANCOS PARA LA SIEGA

Juan 4:31-42

“¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.” (35)

Mi comida es que haga la voluntad de Dios (31-38)

Jesús dio toda su energía y corazón para salvar una mujer samaritana. Él debe haber estado exhausto. Sin embargo, él estaba gozoso diciendo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Él abrió los ojos de los discípulos para que vieran los campos espirituales blancos para la siega. Ciertamente, muchos profetas como Elías, Eliseo y Amós sembraron la palabra de Dios y Jesús cosechó. Ahora, Jesús sembraba la semilla del evangelio en una mujer samaritana, y los discípulos podían disfrutar de una cosecha abundante. Debemos estar gozosos cuando cosechamos gracias al duro trabajo de otros. Debemos también sembrar gozosamente no solo para nosotros sino también para los futuros cosechadores.

No creemos ya solamente por tu dicho… (39-42)

El atestiguamiento de una mujer cuya vida fue cambiada causó que toda la ciudad creyera en Jesús. Pero ellos no se detuvieron allí. Ellos mismos invitaron a Jesús para escuchar más de sus palabras. Luego, ellos confesaron: “Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” La fe de ellos maduró, pasó de ser una fe basada en la experiencia de otros a ser una fe directa y personal.

Señor, gracias por convertirte en mi Mesías y darme el mismo gozo al hacer la misión de Dios, ya sea como un sembrador o como un cosechador.

Una palabra: Sembradores y cosechadores gozosos.

YO SOY, EL QUE HABLA CONTIGO

Juan 4:16-30

“Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.” (26)

Ve, llama a tu marido, y ven acá. (16-26)

El amor de Jesús era muy doloroso y para nada superficial, como un cirujano que usa un bisturí para sanar al enfermo. Él tocó la llaga de ella diciendo: “Ve, llama a tu marido, y ven acá.” Ella dijo: “No tengo marido.” Para sorpresa de ella, Jesús conocía su pecaminoso pasado en la que había tenido cinco maridos y ahora vivía con un novio. Aun así, él no la condenó. Ella reconoció a Jesús como un profeta; le preguntó acerca del verdadero lugar para adorar. Jesús muy amablemente abrió sus ojos en cuanto a que no es muy importante el lugar donde se adora sino el verdadero objeto de adoración, y hacerlo en espíritu y en verdad. El problema de ella era que equivocadamente adoraba a sus maridos. Finalmente, Jesús reveló el verdadero objeto de adoración para todos, él mismo, al decir: “Yo soy”. Emmanuel, Dios encarnado.

Dejando su cántaro (27-30)

Cuando ella probó el agua viva, Jesús, su sed se esfumó. Ella encontró al verdadero objeto de adoración que realmente estaba esperando. Dejó su cántaro ya que su sed había sido saciada. Corrió a la ciudad, donde estaban las personas que antes había odiado, y les dijo cómo resolvió el problema de sed en su vida. Ella los invitó diciendo: “¿No será éste el Cristo?” Ella lo que quiso decir fue: “¡Este es el Cristo, vengan y vean!” El cambio en su vida fue tan poderoso que todas las personas de la ciudad fueron a ver a Jesús.

Señor, gracias por saciar el alma sedienta y agobiada. Eres el verdadero Cristo, ¡el Agua Viva! ¡Úsanos para proclamar las buenas nuevas!

Una palabra: ¡Tú eres el Cristo!

UNA FUENTE DE AGUA QUE SALTE PARA VIDA ETERNA

Juan 4:1-15

“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (14)

Le era necesario pasar por Samaria (1-6)

Jesús dejó Judea y fue a Nazaret para evitar los conflictos innecesarios con los judíos, que estaban alertas, debido a que muchas personas iban a Jesús en vez de Juan para ser bautizados. Jesús intencionalmente eligió el odiado camino a través de Samaria. Él llegó a Sicar, donde Jacob conoció a Raquel. Era cerca del mediodía, la hora en el Medio Oriente cuando el calor del sol está en su máximo. Él se sentó en un pozo, cansado, mientras sus discípulos fueron a la ciudad a comprar algo de comer. De la misma manera, Jesús buscó un alma perdida y menospreciada por otros, en esta región.

Cualquiera que bebiere de esta agua (7-15)

En ese caluroso mediodía, una mujer samaritana fue a sacar agua del pozo, evitando a las personas de la ciudad. Jesús, a pesar de estar cansado, cuidó bien de ella como un pastor compasivo. Él sabía de la sed espiritual de amor de esta mujer, que había tenido 5 maridos y un novio. Él comenzó rogándole por un poco de agua para así romper con las barreras sociales, religiosas, históricas y de género. Cuando ella ásperamente respondió a la humilde petición de Jesús, él no se molestó para nada. Él de manera sincera se presentó a sí mismo mejor que Jacob, el padre de ellos. Jesús, entonces, le ofreció el Agua Viva que salta para vida eterna, distinta del agua que ella bebía que la hacía estar más sedienta. ¡Ella realmente quería esa agua!

Señor, el agua de este mundo nos hace volver a tener sed. Pero tú eres el dador del Agua Viva que verdaderamente calma nuestra alma sedienta y que salta para vida eterna.

Una palabra: Jesús, ¡el Agua Viva!

ES NECESARIO QUE ÉL CREZCA

Juan 3:22-36

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” (30)

Jesús es el esposo (22-30)

Cuando los discípulos de Juan reportaron que todas las personas estaban yendo a Jesús para ser bautizadas, Juan para nada estuvo celoso. Él usó esta situación para testificar que él no era el Cristo, sino que Jesús lo era. Juan aceptó la soberanía de Dios gozosa y humildemente como el amigo del esposo, Jesús, quien es el que debe tomar a Su esposa. Juan nunca olvidó su misión de ser el predecesor del Cristo, diciendo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.”

Jesús da vida eterna (31-36)

Juan dice nuevamente que él es de la tierra y habla solo cosas terrenales. Pero Jesús viene del cielo. Él es, sobre todo. Él da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. Sin embargo, para cualquiera que recibe a Jesús, Dios le da vida eterna. Más a aquellos que no lo reciben, no verán la vida, sino que la ira de Dios está sobre ellos.

Señor, levanta muchos obreros del evangelio como Juan el Bautista que den testimonio de Jesús, el dador de vida eterna.

Una palabra: Jesús da vida eterna.