JESÚS CAMBIÓ EL AGUA EN VINO

Juan 2:1-12

“Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.” (11)

No tienen más vino (1-5)

En las bodas de Caná, en Galilea, el vino se estaba acabando. Esto podía arruinar la feliz ceremonia de matrimonio. María fue la primera en notarlo. Ella lo convirtió en su problema. Ella lo llevó a Jesús. Ella creyó que Jesús era quien podía resolver tal problema de una manera calmada y rápida y así bendecir la boda. Pero Jesús se resistió diciendo: “Aún no ha venido mi hora”. María persistió y preparó el ambiente diciéndole a los siervos: “Haced todo lo que os dijere”. María mostró administración, un corazón pastoral, sabiduría y fe en que Jesús es una fuente de bendición para este mundo conflictivo.

Llenen estas tinajas de agua (6-12)

Había seis tinajas de piedra para el rito de purificación de los judíos, cada una podía contener de 20 a 30 galones. Jesús repentinamente les dijo a los siervos: “Llenad estas tinajas de agua.” ¡Lo cual no tenía sentido! Pero ellos obedecieron al 100%, llenándolas hasta arriba. La siguiente orden de Jesús los sorprendió más: “Sacad ahora, y llevadlo al maestresala.” Sin embargo, ¡ellos obedecieron lo que él les dijo! Entonces el agua fue cambiada en el vino más selecto que el maestresala había probado jamás. Así Jesús reveló su gloria, al venir a cambiar a los pecadores en embajadores de Dios.

Señor, tú puedes cambiar personas, así como cambiaste el agua en vino. Cámbiame para ser el mejor al servir en tu obra. Hazme como María y los siervos en esta vida.

Una palabra: ¡Ten fe en Jesús y obedece su palabra!

¡VENGAN Y VEAN!

Juan 1:35-51

“Les dijo: Venid y ved.” (39a)

¡Vengan y vean! (35-39)

Juan no mantuvo a sus discípulos consigo, sino que los envió a Jesús, ¡el Cordero de Dios! Cuando dos de ellos le siguieron, Jesús primero les preguntó: “¿Qué buscáis? Ellos respondieron: “Rabí, ¿dónde moras?” Ellos simplemente querían pasar un tiempo de calidad conociendo más y mejor a Jesús. Jesús fue amable y los invitó: “Venid y ved.” Entonces, ellos fueron, escucharon, observaron y conocieron que Jesús era el Mesías. Siendo maestros bíblicos, debemos enviar a las personas a Jesús. Siendo estudiantes de la Biblia, debemos pasar tiempo de calidad enfocándonos en Jesús. Jesús seguramente nos dará la bienvenida para conocer quién es él, el Cordero de Dios, el Salvador del mundo.

Verás el cielo abierto (40-51)

Andrés, uno de esos dos, conoció al Mesías, a Jesús. Lo primero que él hizo fue ir, encontrar a su hermano Simón y llevarlo ante Jesús para compartir su grande gozo. Jesús vio a Simón lleno de arena y oloroso a pescado y lo llamó Cefas, que significa roca, con la esperanza de Dios. Al día siguiente Jesús llamó a Felipe. Este halló a Natanael y le testificó que Jesús es el Mesías de quien Moisés y los profetas escribieron. Pero Natanael tenía recelos del nazareno. Jesús le mostró su poder divino conociendo lo que él estaba leyendo y reconociendo su verdadera personalidad. Jesús reveló como el sueño de Jacob sería cumplido por medio de su descenso y su ascensión para guiar muchos al cielo.

Señor, ¡gracias por tu invitación a venir y conocerte y ser Cefas en esta generación!

Una palabra: ¡Hemos hallado al Mesías en Jesús!

HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS

Juan 1:29-34

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (29)

¡Él quita el pecado del mundo! (29-31)

Finalmente, Juan El Bautista vio a Jesús y testificó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Esta idea era muy revolucionaria. El Mesías no los salvaría de Roma sino de sus pecados, de la muerte y de Satanás. ¡El Mesías quitaría el pecado del mundo al ofrecerse a sí mismo como el cordero pascual! Juan testificó que Jesús era antes de él al ser el Creador. ¡Su propósito en bautizar a las personas con agua era revelar a Jesús a Israel como el Mesías que habría de sufrir!

Él bautiza por medio del Espíritu Santo (30-34)

Juan El Bautista confesó honestamente que él no conocía al Mesías. Sin embargo, él pudo reconocerlo cuando vio al Espíritu Santo descender y permanecer sobre él en forma de paloma mientras Dios le habló. Juan declaró cómo Jesús perdonaría nuestros pecados, por medio del bautismo del Espíritu Santo. Los pecados no pueden ser limpiados con agua sino con el Espíritu Santo, el cual quema todos los pecados.

Señor, gracias por enviar a Jesús, el Cordero de Dios que quita todos nuestros pecados por medio de su sufrimiento y muerte.

Una palabra: Jesús quita nuestros pecados por medio del Espíritu Santo.

YO NO SOY, ÉL ES

Juan 1:19-28

“Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.” (27)

¿Tú, quién eres? (19-23)

Juan se hizo popular. Los líderes judíos, sacerdotes y autoridades preguntaron quién era él. Juan dijo claramente: “Yo no soy el Cristo”. Él habló de sí mismo cada vez menos: “Yo no soy”; “¡No!”; “Soy solamente una voz en el desierto.” Él encontró su misión en la profecía de Isaías de enderezar el camino para el Cristo. Debemos encontrar nuestra identidad y misión en Dios. Como pastores y misioneros elegido por Dios, debemos hablar cada vez menos acerca de nosotros mismos para guiar a la gente más y más al Cristo, ¡Jesús!

Él es (24-28)

Ellos siguieron preguntando, “¿Por qué, pues, bautizas?” Juan bautizó con agua para preparar a los pecadores para arrepentirse de sus pecados. Fue para llevarlos al Cristo que la gente aún no conocía. Su propósito era revelar y exaltar a Jesús quien venía después de él. Juan incluso dijo que no era digno de ser su esclavo. ¡Qué hermoso ejemplo mostró Juan como siervo de la palabra de Dios que debe exaltar a Jesús solamente!

Señor, gracias por el buen ejemplo de Juan. Permítame también revelar y exaltarle sólo a usted.

Una palabra: Jesús es el Cristo. ¡Revela y exalta solamente a él!

EL VERBO FUE HECHO CARNE

Juan 1:6-18

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (14)

La verdadera luz, Jesús (6-13)

Juan era grande principalmente porque él testificó a Jesús, la luz verdadera que brilla en cada uno como el sol. Hubo tres respuestas hacia Jesús:(1) el mundo no lo reconoció, aunque él era su creador; (2) Israel, su pueblo, no lo recibió, aunque lo conocieran; (3) hubo personas que recibieron y creyeron en él. Dios les dio el derecho (poder) de ser los hijos de Dios, más de una batería muerta es arrancada y recupera el poder para operar una lámpara o un coche de nuevo. Este poder no viene ni de nosotros ni de nuestros padres ni de ningún ser humano, sino del Padre Dios, el dador de la vida.

Él dio a conocer a Dios (14-18)

El Verbo, el Creador Dios, se humilló y encarnó en un pequeño bebé en un pesebre y habitó entre nosotros. Él es Jesús. Jesús está lleno de la gloria y la gracia de Dios. La ley de Moisés revela que todos son pecadores condenados a muerte. Pero Jesús está lleno de gracia que salva a los pecadores condenados mientras él está lleno de verdad también. Jesús dio a conocer a Dios en su plena capacidad.

Señor, gracias por su humilde encarnación para revelar la abundante gracia y verdad de Dios. Recibo y creo en Jesús.

Una palabra: Recibir a Jesús y vivir como hijos de Dios