CUMPLIRÉ TODO LO QUE DIGO

Ezequiel 12:1-28

“Diles, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: No se tardará más ninguna de mis palabras, sino que la palabra que yo hable se cumplirá, dice Jehová el Señor.” (28)

El exilio dramatizado (1-20)

Dios llamó a Ezequiel para que fuera una señal para su pueblo rebelde. Aunque no vieron ni oyeron, Dios ordenó a Ezequiel que se fuera, a la vista del pueblo, como si estuviera siendo exiliado. Esto lo hizo con la esperanza de que pudieran preguntar qué estaba haciendo. Dios les dijo a través de Ezequiel que pronto irían al exilio como cautivos. Ellos se enfrentarían a la espada, el hambre y la peste. Sólo unos pocos sobrevivirían, mientras que la nación de Israel se echaría a perder.

Cumplido sin demora (21-28)

El pueblo de Israel se sentía satisfecho, asumiendo que cada visión no llegaba a nada o estaba destinada por un tiempo lejano en el futuro. Dios vino a cumplir todo, y sin demora. La palabra y la voluntad de Dios se cumplirán.

Oración: Señor, sane mi complacencia. Despiérteme hacia su palabra y su voluntad. Úseme para proclamarlo a los demás.

Una palabra: El Señor cumple su palabra.

YO OS RECOGERÉ DE LOS PUEBLOS

Ezequiel 11:1-25

“Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel.” (17)

Haré juicios entre vosotros (1-13)

El remanente en Jerusalén después del exilio pensó que ellos eran la carne en la olla y veía a los exiliados como huesos inútiles y basura. Pero esto no era cierto. Sus líderes estaban dando malos consejos. No predicaron el arrepentimiento, sino que enseñaron falsa seguridad. No vivieron por la palabra de Dios ni enseñaron a la gente a hacerlo. Nuevamente, Ezequiel temió por el remanente de Israel.

Les seré por un pequeño santuario (14-25)

Los exiliados que se arrepintieron y permanecieron fieles a Dios, aunque estuvieran lejos de casa, serían recogidos por Dios y regresados. Ellos encontraron un santuario en el Señor. Dios quitaría sus corazones de piedra y les daría corazones de carne, vivos y sensibles a la palabra de Dios. Volverían y limpiarían la ciudad.

Oración: Señor, ayúdeme a volver con el que restaura mi corazón.

Una palabra: Vuelve al Señor.

LA GLORIA DE DIOS ABANDONA EL TEMPLO

Ezequiel 10:1-22

“Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines.” (18)

El resplandor de la gloria de Jehová (1-5)

El templo de Dios era el lugar de la morada de Dios entre los israelitas. Dios quiso gobernarlos, y su trono y su morada son verdadera gloria. Para el pueblo de Israel esta debe ser su única adoración. Desde el tabernáculo en el desierto Dios llenó su morada de gloria. Su palabra y su voz hacen que su pueblo sea radiante, pero sólo cuando lo escuchan y le obedecen.

La gloria se aparta (6-22)

En su visión Ezequiel volvió a ver al hombre en lino y también querubines. Ahora los querubines se elevaban. Entonces la gloria de Dios partió del templo. Aparte de Dios, no hay gloria. Este fue el pronunciamiento más temible de todos.

Oración: Señor, ayúdeme a adorarle sólo a usted y a conocer su gloria.

Una palabra: Busca la gloria de Dios.

SOLO USTED ES DIOS

Isaías 37:1-38

“Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra” (16).

Ezequías oró al Señor (1-20)

A pesar de ser impotente ante un comandante, Ezequías era un hombre de fe. Él manda informar a Isaías sobre la burla contra el Dios viviente. Isaías le dijo que no tuviera miedo. Queriendo pasar a Cus, Senaquerib envió una carta en la que comparó a Dios con los ídolos. Este fue un error fatal. Ezequías llevó la carta al templo y oró al Señor. Él sabía quién era Dios: el Señor Todopoderoso, cuyo trono simboliza un asiento de misericordia (Ex 25:22 Versión Estándar Inglesa o ESV, por sus siglas en inglés). Ningún trono está por encima de ese trono y ningún poder es mayor. ¡La oración es un arma poderosa! En Jesús, nosotros también podemos acercarnos a este trono (Heb 4:16).

“Acerca de lo que me rogaste…” (21-38)

Isaías dio la respuesta clara del Señor: una reprimenda y el juicio sobre Senaquerib, quien ridiculizaba al Dios viviente. El Señor defendió a su pueblo enviando un ángel para aplastar al ejército de Asiria y asesinando a su rey por medio de un parricidio. El Señor responde a la oración y defiende su nombre.

Padre, ciertamente Usted es el único Dios verdadero. Ayúdeme a llevarle todo en oración.

Una palabra: Santificado sea el nombre del Señor.

“CIERTAMENTE JEHOVÁ NOS LIBRARÁ”

Isaías 36.1-22

“Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová nos librará; no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria. (15)

“¿En quién confías? (1-10)

Isaías puso esta sección de narrativa (36-39) como un puente entre las profecías sobre la invasión asiria y las profecías sobre la cautividad en Babilonia. La liberación de Dios sobre Jerusalén da esperanza para la gente de ambos tiempos, y es un anuncio de la última victoria de Jesús. Asiria ya había conquistado a Israel del Norte, y todas las ciudades de Judá, y ahora estaba sitiando a Jerusalén. Las palabras del Rabsaces tenían la intención de agitar a Ezequías para que se rindiera y se sometiera a Senaquerib, quien quería una victoria rápida. Egipto no podría salvarles. Asiria era el instrumento de Dios. ¿En quién podría depender Ezequías?

¿Cómo podría Jehová librar a Jerusalén? (11-22)

Ezequías no se agitó, sino que dijo a su pueblo: “Ciertamente Jehová nos librará, no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria.” Así que el Rabsaces desafió a la gente de la ciudad, sembrando miedo y duda, tratando de levantar una rebelión contra su rey y blasfemando contra Dios. Así es como trabaja Satanás. Pero el pueblo de Dios no le escuchó, sino que confió en su rey y Dios.

Padre, ayúdeme a confiar en usted y no escuchar la voz de Satanás que siembra miedo y duda.

Una palabra: Confía en Dios.