EL SEÑOR ES JUSTO

Ezequiel 18:19-32

“Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.” (32)

El justo vivirá (19-24)

Dios quiere que todos tengan vida. No es un asunto relacionado a la familia, sino a la justicia. Dios no tiene ningún placer en la muerte del malvado. Él quiere que todas las personas se aparten del pecado y vuelvan a Él, siguiendo Su palabra. El arrepentimiento agrada a Dios.

Y no os será la iniquidad causa de ruina (25-32)

Muchas personas viven basadas en lo que es justo y correcto ante sus propios ojos. El Señor es justo. El pecado roba la vida de los hombres, produciendo solo muerte. El único camino es volver a Dios. En su justicia Él acepta a todos los que se vuelven del pecado a él, reconociendo su indefensa. Dios se agrada en perdonar y tiene placer restaurando la vida de los pecadores arrepentidos. El camino del Señor es justo.

Oración: Señor, ayúdame a alejarme del pecado e ir a tí cada día, de manera que pueda vivir una vida que te agrade.

Una Palabra: Arrepiéntete y vive.

TODAS LAS ALMAS SON MÍAS

Ezequiel 18:1-18

“He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.” (4)

Como el alma del padre, así el alma del hijo es mía (1-4)

Había un refrán en Israel que sugería que los hijos sufrían las consecuencias de las acciones de sus padres. Más Dios no está sujeto a los refranes humanos. Él juzga a cada uno de acuerdo con sus propias acciones. Él juzga el pecado. No pertenecemos a nosotros mismos. Todas las almas pertenecen al Señor, y él juzga cada una con justicia.

Un hombre y sus hijos (5-18)

El Señor juzga a cada uno de acuerdo con sus hechos. El hombre justo que es fiel y ama a Dios ciertamente vivirá. Si su hijo es un hombre malvado no vivirá porque su padre fue justo, él morirá por sus propios pecados. Más si el hijo del hombre malvado se arrepiente y lleva una vida justa, él vivirá. Dios es el juez, y es justo. Cada alma le pertenece a él, quien juzga con justicia. Él es la fuente de la vida y de la justicia en este mundo pecador.

Oración: Señor, ayúdame a seguir tu palabra y a que pueda ser justo y tener vida, porque pertenezco a ti.

Una Palabra: Pertenecemos al Señor.

YO HAGO REVERDECER EL ÁRBOL SECO

Ezequiel 17:1-24

“Y sabrán todos los árboles del campo que yo Jehová abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice reverdecer el árbol seco. Yo Jehová lo he dicho, y lo hare.” (24)

Una gran águila (1-15)

Se mencionan dos águilas en esta parábola. La primera gran águila era Babilonia, la cual conquistó Jerusalén y llevó muchas personas al exilio. El pueblo desplazado y replantado reverdeció. Los babilonios colocaron como rey en Jerusalén a Sedequías. Pero él “extendió sus ramas a Egipto en busca de ayuda”, rebelándose en contra de Babilonia. Como resultado, perdió todo.

Mi pacto que ha quebrantado lo traeré sobre su cabeza (16-24)

Es Jehová el Señor quien controla la historia. Sedequías no sufrió en el exilio solo porque quebrantó el pacto con el rey de Babilonia, fue porque él quebrantó su pacto con Dios. Dios plantaría otro tallo de la familia de David – un hombre fiel. Crecería hasta ser un gran árbol. Esta promesa apunta hacia el Mesías. Dios es fiel para mantener su pacto. En Él, el árbol seco reverdece en vida abundante.

Oración: Señor, ayúdame a confiar en tus promesas infalibles y tener vida.

Una Palabra: Dios mantiene sus promesas.

ESTABLECERÉ MI PACTO CONTIGO

Ezequiel 16:35-63

“Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno.” (60)

Sufre tú el castigo de tu lujuria (35-58)

Dios responsabilizaría a Israel por su comportamiento adúltero. En su ira los juzgaría. No eran diferentes a los cananeos o Sodoma. Incluso hicieron que esas naciones parecieran justas en comparación. Ellos se volvieron despreciados por otros y soportarían las consecuencias. Dios juzga el pecado completamente.

Un pacto sempiterno (59-63)

En su juicio, sin embargo, Dios nunca olvidó su pacto. Él prometió establecer un pacto eterno con ellos, hacer expiación por ellos y restaurarlos para que pudieran recordar su amor y amarlo a cambio. En su juicio está la promesa de la restauración para todas las naciones. (53-55) El pacto de Dios se establece en el perdón del pecado.

Oración: Señor, su juicio es la restauración de todas las cosas. Hágase su voluntad.

Una palabra: El Señor establece su pacto.

ISRAEL ES UNA ESPOSA INFIEL

Ezequiel 15:1-16:34

“sino como mujer adúltera, Que en lugar de su marido recibe a ajenos.” (16:32)

Una vid inútil (15:1-8)

Dios tenía la intención de que Israel fuera una vid escogida, y por eso se preocupó por ellos con amor para hacerlos fructíferos (Isa 5). En cambio, se volvieron infieles e inútiles. Se convirtieron como la madera de una vid, siendo útiles solamente para ser lanzados en el fuego y ser quemados. Cuando los fuegos de asedio y de invasión no guiaron a los que permanecieron al arrepentimiento, se volvieron más que inútiles.

Una esposa adúltera (16:1-34)

Dios encontró a Israel, una nación despreciada, y los eligió. Él los amaba, hizo un pacto solemne y fue siempre fiel. Él se convirtió en la fuente de su belleza entre las naciones, pero ellos rechazaron a Dios y practicaron la adoración de ídolos y el estilo de vida de los que los rodeaban. Intercambiaron su relación amorosa con Dios por alianzas políticas con otras naciones. Se volvieron peores que una prostituta, porque hicieron todo esto por nada a cambio. Israel colmó la humillación de Dios que la levantó, invocando su ira y juicio.

Oración: Señor, su amor fiel es todo lo que necesito. Ayúdeme a ser fiel a usted.

Una palabra: Sea fiel al Señor.