PERTENECEMOS A CRISTO RESUCITADO

Romanos 7:1-13

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” (4)

Primero, un nuevo esposo (1-6).

En el capítulo 6, Pablo enseñó que los creyentes fueron unidos con Cristo en su muerte, de esta manera, nuestra relación con la ley fue cambiada radicalmente. Antes de recibir el regalo de Dios de ser justos ante Él por medio de Cristo, estábamos sujetos a la ley y éramos responsables de obedecerla perfectamente. Si esta es la manera en la que aún estamos buscando ser justos delante de Dios, necesitamos renunciar a ella. Ahora, habiendo muerto con Cristo, ya no estamos sujetos a la ley, en cambio, pertenecemos a Él, nuestro Salvador Vivo. Podemos descansar en Él. Pertenecer a Cristo nos trae paz, seguridad y gozo. También nos hace tener nuevo propósito, pertenecer a Jesús significa que no solo hemos recibido nueva riqueza en la vida sino el Espíritu que nos da poder y un propósito divino: llevar fruto para la gloria de Dios.

Segundo, el propósito de la ley (7-13).

Entonces, ¿quién era el culpable en nuestra antigua relación con la ley?, ¿es la ley pecaminosa? Pablo dijo, “me genoito” que significa “De ninguna manera” La ley fue dada por Dios para mostrarnos lo que es el pecado, sin embargo una vez que aprendemos más claramente la diferencia entre lo que es bueno y malo, nuestra naturaleza pecaminosa llegó a ser aún más rebelde. La ley no trajo la muerte, el pecado lo hizo. El propósito de la ley santa de Dios es mostrarnos nuestra necesidad de un salvador.

Oración: Señor, gracias por salvarnos de nuestros pecados.

Una palabra: Pertenecemos a otro, ¡a Cristo!

SIERVOS DE LA JUSTICIA

Romanos 6:15-23

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” (22)

Primero, todos somos siervos (15-18).

No existe tal cosa como un pecador casual. Pablo establece un gran principio: “si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis.” ¡Debemos elegir cuidadosamente a quién nos estamos ofreciendo! Ser siervo del pecado conduce a la muerte, mientras que ser siervo de la obediencia conduce a la justicia. Un cristiano no puede ser ambos. El apóstol Juan escribió: “Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.” En lo que concernía a los creyentes romanos, Pablo agradeció a Dios por su obediencia sincera a la palabra de Dios. Ellos habían sido liberados del pecado y se habían vuelto siervos de la justicia.

Segundo, considera los beneficios (19-23).

Tampoco existe tal cosa como estar detenidos espiritualmente. Como siervos de la inmundicia, siempre nos movíamos hacia una maldad cada vez mayor. Pero si nos ofrecemos como siervos de la justicia, esto nos conduce a la santidad. Constantemente nos movemos hacia un lado o el otro. Pablo nos exhorta a considerar los beneficios. Los siervos del pecado al final cosechan la muerte – la paga que merecen los pecadores. Sin embargo, el beneficio que cosechan los siervos de Dios son la santidad y la vida eterna. Este es el regalo gratuito de Dios en Cristo Jesús para todos aquellos que lo acepten.

Señor, ayúdanos a elegir la obediencia a tu palabra.

Una palabra: ¡Conviértete en siervo de la justicia!