PORQUE EL SEÑOR ME SOSTIENE

Salmos 3:1-8

“Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.” (3)

Primero, ¡cuánto se han multiplicado mis adversarios! (1-2). Llegan tiempos en que los enemigos en nuestro interior y exterior parecen abrumarnos. Aquellos alrededor de nosotros nos desaniman diciendo: “Dios no te ayudará”. ¿Qué podemos hacer? Cuando David estuvo en esta situación, él oró.

Segundo, Dios es escudo alrededor de mí (3-8). El tiempo de tribulación es precisamente el tiempo para experimentar el amor y poder de Dios. Él es nuestro escudo. Él no sólo nos protegerá, sino que convertirá el tiempo de adversidad en un tiempo de victoria fructífera. Cuando clamo en voz alta a él, él me contesta desde su monte santo. Él da tanta paz y seguridad que el miedo sale de mi corazón. Yo puedo acostarme y dormir en paz, incluso si diez mil enemigos me acechan en cada lado. Yo no necesito odiar a mis enemigos o buscar venganza porque Dios mismo lidiará con ellos.

Señor, acudo a ti en tiempo de tribulación. Quita el miedo de mi corazón y sostenme con tu presencia. Encárgate de los enemigos a tu manera.

Una palabra: Del Señor viene la salvación.

TE DARÉ POR HERENCIA LAS NACIONES

Salmos 2:1-12

“Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra.” (8)

Primero, ¿por qué los pueblos piensan cosas vanas? (1-3). Vivimos en un mundo que se rebela contra Dios. Los que se rebelan contra Dios equivocadamente ven su soberanía como ligaduras y cuerdas. Pero la rebelión contra la soberanía de Dios es infructífera y al final lleva a la destrucción. (5, 9, 12)

Segundo, el Ungido (4-12). El Ungido de Dios es el Mesías, el Hijo de Dios. En Hechos 4:23-28, Pedro y Juan encontraron fortaleza y valor en la profecía de Cristo en este salmo, pues se dieron cuenta que Dios es soberano y que la crucifixión de Cristo y la persecución de sus siervos cumplían con la profecía de Dios. Este salmo no se detiene con el sufrimiento, sino que mira la victoria que vendrá, y proclama la soberanía de Dios. Cuando Cristo envió a sus discípulos a todo el mundo a proclamar el evangelio, él estaba reclamando su herencia.

Señor, danos por herencia a las naciones y como posesión los confines de la tierra en tu nombre.

Una palabra: ¿Por qué los hombres se rebelan contra Dios?

DOS TIPOS DE PERSONAS

Salmos 1:1-6

“Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.” (2)

Primero, una vida fructífera (1-3). Este salmo describe a dos tipos de personas. La primera es feliz porque su vida está llena de fruto. Esta persona se volvió así porque él supo qué debía evitar y qué debía hacer. Él no acepta el consejo de los hombres malos. Él no se junta con personas que buscan problemas. Él no se junta con la gente lista y sofisticada que se burla de Dios y su pueblo. Como un árbol fructífero que tiene raíces profundas junto a una corriente de agua, él tiene raíces profundas en la palabra de Dios. Él llena su mente y corazón con la palabra de Dios. Un árbol lleva fruto cuando llega el tiempo porque sus raíces beben de una corriente que siempre fluye. Una persona lleva buen fruto si sus raíces están en la palabra de Dios.

Segundo, arrebatados (4-6). Una persona sin raíz piensa que es inteligente y libre; pero no es ninguno. La Biblia llama malo al hombre que no tiene raíz. Él perecerá en el juicio. Al igual que Caín, quien vagaba sin descanso, él no tiene raíz ni fruto y tiene una existencia miserable.

Señor, ayúdame a guardar tu palabra en mi corazón hasta que mi vida produzca buen fruto.

Una palabra: Como un árbol plantado junto a corrientes de aguas.

EL QUE QUIERA SER DISCÍPULO DE JESÚS

Mateo 16:21-28

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” (24)

Primero, los asuntos de Dios, los asuntos de los hombres (21-23). Jesús comenzó a enseñar a los discípulos lo que el Mesías vino a hacer. Él iría a Jerusalén donde sufriría muchas cosas, sería matado y luego se levantaría a la vida. Esta era la misión más importante de Jesús. Jesús hizo esto para salvar a los pecadores como nosotros de sus pecados. Esto es lo que Dios quería. Pero las palabras de Jesús preocuparon a Pedro, quien dijo que evitaría que esto sucediera. Al no aceptar lo que Dios quería, Pedro se convirtió en piedra de tropiezo para Jesús y un instrumento de Satanás.

Segundo, definitivamente sigue a Jesús (24-28). Para ser un discípulo de Jesús se requiere que neguemos nuestras propias ideas y pasiones pecaminosas, tomemos nuestra cruz y sigamos a Jesús. En lugar de tratar de salvarnos en este mundo, como Pedro trataba de hacer, un discípulo debe perder su vida por Jesús. Pero Jesús también promete que los discípulos genuinos encontrarán la vida. Ellos serán recompensados por lo que han hecho por él cuando Él regrese.

Señor, que sus asuntos sean mis asuntos. Ayúdame a negarme a mí mismo, tomar mi cruz y seguir a Jesús todos los días.

Una palabra: Sé un discípulo genuino de Jesús.