MÁS JEHOVÁ ESTÁ EN SU SANTO TEMPLO

Habacuc 2:9-20

“Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra (20).”

Primero, como las aguas cubren el mar (6-14)

El Señor habló “ayes” contra los mismos pecados que Habacuc veía todos los días. Dios vio a los que ganaban riquezas arruinando a otros. Vio a los que trabajaron sin escrúpulos para construir ciudades y pueblos, solamente con el derramamiento de sangre. Dios no estaba ciego ante el pecado ni lo ignoraba. Aquí, Dios le mostró su visión santa al profeta. El Señor está preparando para que toda la tierra sea llena del conocimiento de su gloria. Él está gobernando toda la historia de acuerdo a su propósito.

Segundo, calle delante de Él toda la tierra (15-20)

Los hombres pecadores son impulsados ​​por sus deseos físicos, tanto individual como colectivamente. Dios llamó a su pueblo para que fuera diferente – para que fuera santo – pero, en su lugar, ellos adoraron a los ídolos hechos por sus propias manos y rechazaron al Santo que los había llamado. ¿Dónde está Dios en todo esto? Él está en su santo templo. Dios gobierna todas las cosas. Somos fácilmente gobernados por lo que vemos, o por nuestros deseos humanos. Pero, en todas las cosas, Dios nos llama para que vengamos delante de Él, estemos en silencio y reconozcamos su reinado glorioso. Sólo su reinado tiene el poder de dar vida.

Oración: Señor, soy un pecador débil que es fácilmente gobernado por lo que ve y siente. Usted está en su santo templo; bendígame para que yo pueda morar bajo su reinado y tener vida.

Una palabra: ¡Dios reina!

ESPÉRALO

Habacuc 2:2-8

“Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará (3).”

Primero, aunque tarde, espéralo (2-5)

Habacuc se quejaba en base a lo que él veía con sus ojos y porque la maldad parecía prevalecer. Pero, Dios le ayudó a ver con la perspectiva de la eternidad. ¡Cuán bondadoso es el Señor! Dios le habló sobre la verdad eterna, su mensaje urgente de juicio y salvación al profeta. Él enseña a todos los que le escuchan, que esto es seguro y cierto. No debemos vivir en base a la vista sino por la fe en el Señor, el Juez justo de todas las naciones, y esperarle cuando no le vemos a Él. Esa fe nos es contada por justicia (Romanos 1:17).

Segundo, ¡ay de él! (6-8)

El Señor habló de una serie de “ayes” por la injusticia en el mundo. Él no es ciego ante el pecado, sino que es paciente que espera que los suyos se arrepientan. Pero, su bondad no es para siempre. Su juicio vendrá ciertamente. Los que amontonaron riquezas a expensas del pueblo de Dios y saquearon a las naciones violentamente, nunca podrán escaparse del juicio de Dios.

Oración: Señor, hay demasiada injusticia. Ayúdeme a esperar en su juicio y salvación. Enséñeme la fe que ve todas las cosas a la luz de su propósito eterno.

Una palabra: Espera en el Señor.

MIRAD Y VED

Habacuc 1:1-2:1

“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; (5ª).”

Primero, ¿por qué me haces ver iniquidad? (1-4)

Habacuc trajo una cuestión pesada al Señor. Le parecía que la injusticia abundaba. Él la veía todos los días. Pero, ¿dónde estaba Dios? En base a lo que Habacuc estaba viendo, le parecía que el Señor no oía, que Dios toleraba el mal y que su palabra en la ley no tenía poder.

Segundo, la respuesta de Dios (5-11)

Dios respondió diciéndole a Habacuc que viera y se asombrara viendo su obra. Él estaba levantando a los babilonios para ejecutar su juicio sobre el pecado. El Señor es paciente, pero su juicio es seguro y rápido. Él no tolera la maldad para siempre.

Tercero, entonces, ¿por qué toleras a los traidores? (1:2-2:1)

Habacuc podía aceptar que el Señor es el Juez y que había ordenado tal castigo para Israel, pero ¿por qué los babilonios? Ellos eran mucho peores que el pueblo de Israel. El profeta no podía ver la respuesta pero hizo lo que el Señor le ha mandado. El se hizo como un vigilante, mirando y buscando a Dios por este asunto.

Oración: Señor, tú eres el Juez de toda la tierra. Hágame un vigilante en nuestros tiempos. Levante profetas que le busquen hoy.

Una palabra: Miren y vean. ¡Se asombrarán!

INTRODUCCIÓN A HABACUC

Habacuc era un profeta que vivió un poco antes de la conquista de Babilonia. Su profecía muestra cómo él luchó por el juicio de Dios, no sólo para sí mismo, sino a causa de su pueblo. Él llevó sus preguntas a Dios en oración y de esta manera, aprendió sobre el plan soberano de juicio y salvación de Dios, no sólo para su pueblo Israel (Judá), sino también para el mundo y de toda la historia. Su profecía es un hermoso ejemplo de cómo un hombre buscó a Dios con preguntas, e incluso con quejas, por el asunto, y cómo él se sometió a sí mismo y a su pueblo en manos de su Juez. La gloria de Dios fue revelada. Pablo al escribir sobre el evangelio, citó Habacuc 2:4, “El justo por su fe vivirá.”

LOS CARGOS CONTRA NÍNIVE

Nahúm 3:1-19

“No hay medicina para tu quebrantadura; tu herida es incurable; todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad? (19).”

El primer cargo (1-3)

La destrucción de Nínive no fue un acto azaroso. Dios lo decidió en base a su maldad. Entre esos pecados, la violencia y el derramamiento de sangre fueron notables. La brutalidad que ella había empleado contra otros, le visitaría y se llenarían las calles con cadáveres.

El segundo cargo (4-7)

La segunda razón de la destrucción de Nínive fue su prostitución espiritual y moral. Al igual que una prostituta, Nínive había seducido a las naciones de su alrededor para que siguieran sus malos caminos. Dios la pondría en vergüenza.

El tercer cargo (8-19)

Por último, Nínive no había aprendido de la historia. Tebas, igual que Nínive, había disfrutado de la seguridad dada por las barreras naturales y los poderosos aliados. Sin embargo, los asirios fueron los que le destruyeron. En forma similar, la seguridad con la que contaba Nínive, no sería capaz de evitar la ira de Dios. No habría ningún alivio y todos los que habían sido afectados por ella, aplaudirían de alegría por su destrucción.

Oración: Padre celestial, ayúdenos a aprender del juicio de Nínive. Ayúdenos a confiar en Usted cuando nuestros enemigos parecen ser victoriosos, sabiendo que Usted nos va a liberar en su debido tiempo.

Una palabra: Esperar en el juicio del Señor.