Deuteronomio 34:1-12
Versículo clave: 34:5, 6
Moisés subió al monte de Nebo, a la cumbre del Pisga, que estaba enfrente de Jericó, como Jehová Dios le había ordenado. Dios le mostró toda la tierra de Galaad hasta Dan, desde el este del río jordán, el oeste, hasta el norte de Dan. También, había prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob darles esa tierra, y ahora estaba a punto de cumplir esa promesa. Dios confirmó a su siervo Moisés que Él es el Dios fiel que cumple sus promesas, y le aseguró vivir como él lo hizo, conforme a la voluntad y promesas de Dios, no había sido en vano. Sin embargo, Jehová no le permitió a Moisés entrar en esa tierra. Éste pudo haberse quejado contra Dios, pudo haberle dicho que sería imposible obdecerle. Pero Moisés obedeció en silencio a la orden de Dios. Vivió y murió allí y fue sepultado en el valle, en la tierra de Moab, frente a Bet-peor. Ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy. Quizás Moisés no permitió que el pueblo lo conociera debido a que podría exaltarlo demasiado o hacerlo un ídolo. Moisés vivió y murió conforme a la palabra de Dios, buscó cómo glorificarle, por tanto fue un verdadero siervo de Jehová. Moisés puso sus manos sobre Josué, antes de su muerte, y lo levantó como nuevo líder. Así, éste fue lleno del espíritu de sabiduría, y el pueblo le obedeció. Moisés fue el mejor profeta del Antiguo Testamento. Dios lo conoció cara a cara como si fuese un amigo. Él obedeció a todas las palabras por más difícil que fuesen. Fue un gran líder que salvó a Israel haciendo señales delante Faraón y sus hombres, y los guió hasta la entrada de Canaán con el poder de Dios.
Aplicación: ¿Hasta qué punto obedeces a la palabra de Dios?
Una palabra: Moisés obedeció hasta su muerte.