DESEA LA SALVACIÓN DE DIOS

Salmos 119:161-176

“He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia.” (174)

Primero, tu salvación he esperado (161-168). El salmista se encontró con persecución sin ninguna causa, y estaba afligido por las falsas acusaciones. En ese momento, él no trató de defenderse, tampoco respondió a las acusaciones contra sus enemigos. En lugar de eso encontró gozo y paz en la ley de Dios. Él fue a Dios con temor santo y tembló ante su palabra. Él no trató de salvarse a sí mismo; él esperó a la salvación de Dios. Él esperó en Dios quien le formó y quien conocía todos sus caminos.

Segundo, he deseado tu salvación (169-176). Vivimos en tiempos en el que la gente no tiene dirección. Quien no tiene dirección ha perdido su camino, como una oveja perdida. Cuando nos volvemos a Dios y a su palabra, tenemos esperanza de ser encontrados por Dios y ser restaurados como sus siervos. El siervo de Dios es quien busca la salvación de Dios. Cuando buscamos a Dios a través de su palabra, ponemos todas nuestras esperanzas en él. En lugar de desear una liberación temporánea en la dificultad, busquemos la verdadera salación, la cual solamente Dios puede proveer. Él se hace nuestra esperanza de salvación eterna en este mundo pecaminoso.

Señor, solamente usted puede liberarme verdaderamente y salvarme verdaderamente. Ayúdeme a poner mi esperanza en usted.

Una palabra: Dios es mi salvación.

VIVIFÍCAME

Salmos 119:137-160

“Oye mi voz conforme a tu misericordia; oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio.” (149)

Primero, las promesas de Dios son muy fieles (137-144). Dios es justo y fiel. Sus promesas son rectas y muy fieles. Nuestro celo nos consume, pero las palabras de Dios son para siempre. Su palabra es sumamente pura, probada por muchos creyentes a través de la historia, y son verdaderamente son ciertas. Aun cuando los problemas y la aflicción llegan, la palabra de Dios nos da paz.

Segundo, esperé en tu palabra (145-160). Las promesas y los mandamientos de Dios son verdaderos y eternos. Aún en las vigilias de la noche, cuando Dios parece estar muy lejos, Él está cerca y listo para ayudarnos. Cuando clamamos a él, él está allí. Él vivifica conforme a su juicio (149, 154, 156, 159). Él ama a aquellos que aman y confían y obedecen a sus mandamientos. La salvación está lejos de aquellos que desprecian la palabra de Dios, quienes hacen maldad en lugar de seguir la ley de Dios. Pero todos los mandamientos de Dios son verdad, y su ley es eterna. Los incrédulos no obedecen a la ley de Dios. Ellos no pueden ser salvos. Pero la vida de aquellos que claman por ayuda a Dios serán preservados de acuerdo a sus promesas.

Señor, usted es mi esperanza y mi salvación. Ayúdeme a obedecer su palabra eterna y tener vida eterna.

Una palabra: Dios me vivifica.

DAME ENTENDIMIENTO

Salmos 119:113-136

“Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonies.” (125)

Primero, amo su ley (113-120). Cuando el salmista tuvo que vivir entre los malos, tomó refugio en la palabra de Dios. Esto no era simplemente un medio de escape. Él tomó refugio para poner su esperanza en Dios y en su salvación. Dios se hizo lan fuete de su vida. Él aprendió que el malo puede parecer intimidante ante los caminos de este mundo, pero al final son como escoria, son falsedad. Allí aprendió la naturaleza maravillosa y eterna de Dios. Entonces él pudo temer a Dios y amar su palabra.

Segundo, tu siervo soy yo, dame entendimiento (121-128). El poder de la palabra de Dios radica en que tiene la habilidad para revelar a Dios ante nosotros. Cuando nos encontramos con oposición en este mundo, no vemos descanso o justicia. Pero cuando encontramos a Dios en su palabra, él nos da entendimiento. Podemos encontrar a Dios quien ha estado cargando con los pecados de los hombres en él mismo con amor. A través de su palabra podemos encontrar a Dios quien se unió a nosotros en nuestros sufrimientos. Allí podemos ver su palabra descubierta ante nosotros. Tenemos luz para ver su misericordia. La esperanza de redención eterna nos da lágrimas, así como el peso del pecado con el que él carga. La obediencia a la palabra de Dios nos da una nueva y gloriosa vista con el que podemos discernir la presencia de Dios en este mundo.

Señor, ayúdeme a amar su palabra, que yo pueda conocer su presencia gloriosa.

Una palabra: Ama la palabra de Dios, discierne su presencia.

LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA

Salmos 119:89-112

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” (105)

Primero, para siempre permanece tu palabra (89-96). La palabra de Dios es eterna e incambiable. Nos revela la naturaleza divina de Dios, y al mismo tiempo nos revela que él ha creado todas las cosas para servirle y para cumplir con su propósito. La ley de Dios es el poder de Dios para preservar y dar vida. Con nuestros ojos físicos nunca podremos ver la perfección ilimitada de Dios, y sus mandamientos no tienen fronteras. Tanto más le busquemos a través de sus leyes, podemos crecer hacia él que es eternamente fiel.

Segundo, lumbrera a mi camino (97-112). La palabra eterna de Dios está siempre con nosotros, dando conocimiento y entendimiento a quien se aferra de ella. La palabra de Dios mantiene nuestros pies en el camino hacia él. La palabra de Dios es lámpara para nuestros pies y lumbrera a nuestros caminos. Cuando nos encontramos con sufrimientos o con la maldad del mundo, es tentador ir por un camino diferente, el camino de menos resistencia, el camino que evade el sufrimiento y conflicto, o el camino que se compromete con el mundo. El salmista buscó el camino de Dios. Para los cristianos, este camino es el camino de la cruz. La palabra de Dios es nuestro guía en nuestro peregrinaje hacia él.

Señor, gracias por su palabra que guía mi camino hacia usted.

Una palabra: La palabra de Dios es lámpara para mis pies.

DIOS ES BUENO

Salmos 119:65-88

“Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.” (71)

Primero, conforme a tu fidelidad me afligiste (65-80). El salmista pudo orar a Dios que le haga bien. Esto no significa que vivió una vida descuidada. Al contrario, él fue afligido de muchas maneras. Fue calumniado por gente orgullosa, pero allí no pudo aprender de los decretos de Dios. Él se había descarriado, pero en su humillación aprendió de la misericordia de Dios y su fidelidad. Aprendió de la compasión de Dios, quien carga con nuestros pecados y nuestras debilidades, pero es siempre fiel para darnos su palabra. Él nunca quita su misericordia de nosotros. Dios es bueno. Las aflicciones nos recuerdan que son dados por Dios para que regresarnos a él y para que aprendamos de su palabra.

Segundo, ¿cuándo me consolarás? (81-88) Nosotros somos débiles y pecadores, cortados de Dios. Nosotros nunca le podemos ver con nuestros ojos. Al mismo tiempo, enfrentamos persecuciones y arrogancia de un mundo pecaminoso. ¿Cuál es nuestro consuelo? Esta es la situación en el que el salmista puso su esperanza en Dios, él recordó su ley y la obedeció. Muchas veces buscamos consuelo a través de la resolución de nuestras aflicciones. Pero la verdadera consolación es aferrarnos a la ley de Dios y recibir las aflicciones como su amor por nosotros.

Señor, en mi aflicción ayúdeme a ver su rostro. Consuéleme con su ley y su amor.

Una palabra: Para que pueda aprender tus estatutos.